INICIO
Cuando la niebla cae baja y espesa, la mayoría de las personas disminuyen la marcha. Esperan a que la claridad regrese por sí sola. Pero la altitud es una elección, no una condición. Uno asciende porque decide ascender.
La niebla nunca es el problema. El problema es creer que debes navegar dentro de ella. Sube solo un poco más, y el mundo vuelve a hacerse visible: el horizonte nítido, el camino inconfundible.
Recuerda esto: la claridad no se concede. Se alcanza. Y cada ascenso comienza con la misma decisión silenciosa: “No me quedaré donde la niebla me mantiene ciego.”
Asciende. Incluso unos pocos metros hacen toda la diferencia.